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De lo transicional a lo restaurativo
[ 15 de May de 2008 ]
 

Hacer el camino de la vida, allí donde los actores armados ilegales, paramilitares y guerrilla trazaron el mapa de la muerte en Montes de María nos ha dejado lecciones y reflexiones desde el marco de la justicia transicional, pero sobre todo desde la gran aspiración de la justicia restaurativa como antesala de la reconciliación.

Primera lección:

Si bien ha sido claro que en Montes de María se cometieron delitos graves contra el derecho internacional humanitario, no ha dejado de ser una preocupación sentida el modo y la manera como estos delitos han sido investigados. En las versiones libres, más que el resplandor de la verdad, queda clara la justificación de unos hechos atroces. Igual signo de preocupación revisten en la parapolítica las sentencias anticipadas, con el sabor que queda de impunidad. Si no se logra el cabal cumplimiento de un juicio satisfacto- rio nos alejamos del horizonte posible de la reconciliación.


Segunda lección:

Los beneficios alcanzados por los victima- rios hablan de un aspecto de lo transicional, pero la impunidad latente produce mayor hondura al dolor causado. Esperamos que los beneficios procesales en el marco de la justicia transicional estén ceñidos a los principios y normas internacionales sobre la lucha contra la impunidad. No es un secreto que personas enmarcadas en este tipo de procesos transicionales siguen delinquiendo desde las cárceles.


Tercera lección:

Acompañar el diseño de un mapa que resignifique la vida nos ha mostrado el derecho que tienen las comunidades a conocer los motivos, los hechos y las circunstancias relacionadas con la comisión de los crímenes. La verdad es una exigencia ética que responde a una necesidad antropológica. En Montes de María hemos optado por un coraje moral que nos permita reconstruir la memoria de lo acontecido. El pasado no puede quedar condenado al silencio. Hacer memoria no tiene la intención de revivir el terror sino que, por el contrario, busca sanar esta memoria al compartirla con otros. Sólo queremos que el silencio sufrido se haga creíble. Además, la memoria dolorosa tiene una ineludible función preventiva que nos devuelve la dignidad de cara a lo que queremos ser dentro de 20 años.

Cuarta lección:

Los artesanos de la vida, como quienes acom- pañan desde la comunidad humanitaria a las víctimas, han visto claramente que cada vez es mayor el deseo de que el Estado investigue los crímenes, juzgue a sus autores y partícipes e imponga a éstos las penas que correspondan. En una palabra, si algún grito se siente en los Montes de María es el que reclama justicia. La verdad sin justicia es mentira, la justicia sin verdad es engaño. Establecida la verdad, restaurada la justicia, se inaugura el tiempo de la misericordia frente al arrepentimiento y el diálogo.

Quinta lección:

Si bien se reconoce el esfuerzo que en materia de reparación colectiva se adelanta con las comunidades de El Salado, San Onofre y, muy posiblemente, El Chengue, debemos dejar muy en claro que todas las familias y personas que han padecido el desprecio de la vida y han escapado a la trampa de la muerte del desplazamiento forzado tienen derecho a la reparación: es decir, al derecho a ser destinatarias de acciones individuales de restitución, indemnización y rehabilitación con garantías de no repetición.

Conclusión:

La auténtica reconciliación para las comunidades montemarianas implica cambios reales para crear una nueva situación. Esto se alcanza con el reconocimiento de la verdad (la rehabilitación del ofendido) y la búsqueda de la justicia (la rehabilitación del ofensor). Por el contrario, la actitud del silencio resulta ser una falsa reconciliación porque hiere aún más al ofendido y justifica al ofensor en su maldad. Necesitamos que los ofensores reconozcan el daño causado, se arrepientan y emprendan un nuevo camino. Son tres instancias que se requieren si queremos que la reconciliación sea una experiencia auténtica. Restaurar en Montes de María es armar lo que está desbaratado. Es querer la res- titución de dignidad para las víctimas, la humanización de los victimarios más allá de un empleo transitorio y la recomposición de un tejido social y comunitario donde la vida se pone por delante y es lo más importante.

“Tomado de Hechos del Callejón”.







Padre Rafael Castillo Torres
Director Ejecutivo
E-mail: director@fmontesdemaria.org

 
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