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Acercamiento a los Conceptos de Región y Desarrollo Integral

Como muchos de los conceptos de las ciencias sociales, la definición de región reviste cierta dificultad. Sin embrago, para obtener una definición de región más o menos aproximada es preciso arrancar del hecho mismo de su existencia geopolítica, es decir, indagando en aquellos escenarios que con carácter positivo los imaginarios colectivos y los cientistas describen como región, a partir de aspectos como su configuración geográfica, extensión, población, identidad cultural, estructuras sociales, proceso económico, historia compartida, costumbres políticas, etc.

Así las cosas, se puede decir que son cuatro los tipos de región que los investigadores han identificado:

  1. Regiones uniformes u homogéneas: Se delimitan en atención de factores económicos, geográficos y culturales.
  2. Regiones nodales o polarizadas: Se agrupan zonas alrededor de un polo de desarrollo común.
  3. Regiones-plan -o de planificación o programación-: Estructuradas en atención de un territorio sobre el cual un gobierno ejerce su autoridad y despliega la planeación del desarrollo.
  4. Regiones como espacio social: Las caracterizadas por ciertas relaciones sociales de producción y, por ende, de clases y de dominio, desarrolladas en una determinada dimensión espacio-temporal.

Pero, más que determinar una mera clasificación, otros se han dedicado a identificar ciertas características comunes en las regiones, independientemente de las posibilidades típicas. Así, Joseph Love ha condicionado la definición de región a una unidad con las siguientes características:

  1. Está integralmente relacionada con una unidad mayor e interdependiente con otras regiones que, conjuntamente con la primera, constituyen la unidad mayor.
  2. Tiene un tamaño geográfico y una localización definidos.
  3. Cada región tiene un conjunto de subregiones que le son contiguas.
  4. La región genera una serie de lealtades de parte de sus habitantes.
  5. La lealtad a la región, sin embargo, está subordinada (teóricamente, al menos) a la lealtad a la unidad mayor.

Estas conclusiones del profesor Love, sin embargo, carecerían de sentido si no las relacionamos, como él lo hace, con dos conceptos sociopolíticos que emergen de la idea de región: el regionalismo y la regionalización. Sobre estos aspectos, el historiador y profesor de la Universidad de Illinois precisa lo siguiente:

“El regionalismo se define aquí como un comportamiento político caracterizado, por un lado, por la aceptación de la existencia de una unidad política mayor, pero por otra parte, por la búsqueda de favoritismo y autonomía en las decisiones de la unidad mayor en las políticas económicas y sociales, aún corriendo el riesgo de poner en jaque la legitimidad del régimen político imperante. Por lo tanto, el énfasis no recae sobre las peculiaridades regionales per se (por ejemplo, el folclor, vestimenta y lenguaje), sino sobre aquellos factores que pueden demostrarse que afectan las relaciones políticas, económicas y sociales de la región con otras regiones y con la unidad gubernamental mayor, generalmente el Estado-nación.

“La regionalización (es) el proceso de definición de las regiones...”.

Sin embargo, este teorizante es franco al señalar que, en últimas, la definición y delimitación regional depende mucho de la formación académica específica de los analistas, y a renglón seguido expone que:

“...Para el geógrafo o sociólogo, las más pequeñas unidades territoriales para la cual se tiene información pertinente se agregan y definen como región para minimizar las diferencias internas de cada una y para maximizar las diferencias entre las regiones... Para el historiador, la existencia de marcadas lealtades regionales puede hacer la escogencia de regiones más obvias. Claro que se debe recordar que si una región se extiende más allá (o corta a través de) los límites estatales o departamentales, rara vez será definida de igual forma en la literatura académica...”.

Por último, es necesario destacar que la propuesta que aquí se esboza tiene la pretensión teleológica de ser un vehículo para la construcción política de la región montemariana, con el ingrediente adicional de que se trata de una región enclavada en dos entidades territoriales, lo que de suyo trae serias dificultades prácticas en materia de decisiones políticas y definiciones administrativas. Con todo, esta propuesta no es segregacionista, sino integracionista. Trata de estimular la discusión y definición de una fórmula que permita propiciar y desarrollar un proceso de regionalización y descentralización administrativa -gracias al fortalecimiento de los poderes locales y la adopción de un nuevo modelo de gobernabilidad democrática-, que responda a una más eficiente “...reorganización espacial del territorio evitando la continuación de las irracionales disparidades existentes entre nuestras regiones... concebido para redistribuir el poder (político y económico); buscar equilibrios regionales y crear un nuevo tipo de relaciones entre el gobierno central, las regiones, los departamentos y los municipios”, según la concepción de regionalización que presenta Roa Suárez.

Este mismo autor, por demás, define el desarrollo regional

“...como un sistema configurado por las interrelaciones que se establecen entre los centros locales, con cierto grado de autonomía, y sus áreas de influencia. Son relaciones de interdependencias económico-social, político-cultural y de servicios, que tienen lugar en un territorio determinado denominado “región”, que puede abarcar áreas urbanas y/o rurales”.

De esta definición se colige que el desarrollo regional está integrado por varios componentes. Tal como lo advierte Rangel, para una mejor comprensión del concepto de desarrollo regional es necesario tener un enfoque integral del desarrollo:

“El proceso de desarrollo de una sociedad en un área determinada, sea esta un país o una región, está compuesto por varios aspectos que se relacionan y se influencian entre sí, dentro de unos marcos de tiempo y espacio. Estos aspectos que hacen parte del proceso de desarrollo vamos a llamarlos en adelante subprocesos, ya que también estos tienen sus propias leyes, sus propias dinámicas y, si se quiere, pueden ser estudiados en forma separada. Estos subprocesos son:

  1. El subproceso económico.
  2. El subproceso social.
  3. El subproceso cultural.
  4. El subproceso político-administrativo.

“Para efectos del análisis del proceso de desarrollo regional, debemos concebir estos cuatro subprocesos como un sistema de relaciones mutuas, recíprocas, que los lleva a depender unos de los otros. Además, tal como lo expusimos arriba, toda sociedad en desarrollo generalmente se interrelaciona con el ambiente externo, o sea con otras sociedades regionales, sean estas contiguas o distantes, las cuales canalizan sus influencias en la sociedad a través de cada uno de los subprocesos que estamos mencionando”.

En este sentido, y teniendo en cuenta realidades específicas como el evidente retraso de la región de los Montes de María en relación con otras regiones de la Costa Caribe y del resto del país, la presente propuesta se sustenta en el análisis regional, que permite su enriquecimiento gracias al examen de experiencias -positivas y negativas-, desplegadas en otras latitudes.

Es de anotar que la Constitución Política de 1991 consagró para Colombia la posibilidad de avanzar del Estado Unitario al Estado Regional, con unas entidades territoriales (regiones) más autónomas y descentralizadas en lo político-administrativo, sin llegar a los extremos del Estado Federal. Sin embargo, para ello se requerirá del estudio y aprobación de una ley orgánica de ordenamiento territorial (Loot), algo que, casi 15 años después de la entrada en vigencia de la nueva Carta, no ha sido posible aún por el excesivo centralismo del sistema político, y, sobre todo, por las tensiones de poder entre la región y la vieja clase política.

 

 
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