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Acercamiento
a los Conceptos de Región y
Desarrollo Integral
Como muchos de los
conceptos de las ciencias sociales,
la definición de región
reviste cierta dificultad. Sin embrago,
para obtener una definición
de región más o menos
aproximada es preciso arrancar del
hecho mismo de su existencia geopolítica,
es decir, indagando en aquellos escenarios
que con carácter positivo los
imaginarios colectivos y los cientistas
describen como región, a partir
de aspectos como su configuración
geográfica, extensión,
población, identidad cultural,
estructuras sociales, proceso económico,
historia compartida, costumbres políticas,
etc.
Así las cosas,
se puede decir que son cuatro los
tipos de región que los investigadores
han identificado:
- Regiones uniformes u homogéneas:
Se delimitan en atención
de factores económicos, geográficos
y culturales.
- Regiones nodales o polarizadas:
Se agrupan zonas alrededor de un
polo de desarrollo común.
- Regiones-plan -o de planificación
o programación-: Estructuradas
en atención de un territorio
sobre el cual un gobierno ejerce
su autoridad y despliega la planeación
del desarrollo.
- Regiones como espacio social:
Las caracterizadas por ciertas relaciones
sociales de producción y,
por ende, de clases y de dominio,
desarrolladas en una determinada
dimensión espacio-temporal.
Pero, más
que determinar una mera clasificación,
otros se han dedicado a identificar
ciertas características comunes
en las regiones, independientemente
de las posibilidades típicas.
Así, Joseph Love ha condicionado
la definición de región
a una unidad con las siguientes características:
- Está integralmente relacionada
con una unidad mayor e interdependiente
con otras regiones que, conjuntamente
con la primera, constituyen la unidad
mayor.
- Tiene un tamaño geográfico
y una localización definidos.
- Cada región tiene un conjunto
de subregiones que le son contiguas.
- La región genera una serie
de lealtades de parte de sus habitantes.
- La lealtad a la región,
sin embargo, está subordinada
(teóricamente, al menos)
a la lealtad a la unidad mayor.
Estas conclusiones
del profesor Love, sin embargo, carecerían
de sentido si no las relacionamos,
como él lo hace, con dos conceptos
sociopolíticos que emergen
de la idea de región: el regionalismo
y la regionalización. Sobre
estos aspectos, el historiador y profesor
de la Universidad de Illinois precisa
lo siguiente:
“El regionalismo
se define aquí como un comportamiento
político caracterizado, por
un lado, por la aceptación
de la existencia de una unidad política
mayor, pero por otra parte, por la
búsqueda de favoritismo y autonomía
en las decisiones de la unidad mayor
en las políticas económicas
y sociales, aún corriendo el
riesgo de poner en jaque la legitimidad
del régimen político
imperante. Por lo tanto, el énfasis
no recae sobre las peculiaridades
regionales per se (por ejemplo, el
folclor, vestimenta y lenguaje), sino
sobre aquellos factores que pueden
demostrarse que afectan las relaciones
políticas, económicas
y sociales de la región con
otras regiones y con la unidad gubernamental
mayor, generalmente el Estado-nación.
“La regionalización
(es) el proceso de definición
de las regiones...”.
Sin embargo, este
teorizante es franco al señalar
que, en últimas, la definición
y delimitación regional depende
mucho de la formación académica
específica de los analistas,
y a renglón seguido expone
que:
“...Para el
geógrafo o sociólogo,
las más pequeñas unidades
territoriales para la cual se tiene
información pertinente se agregan
y definen como región para
minimizar las diferencias internas
de cada una y para maximizar las diferencias
entre las regiones... Para el historiador,
la existencia de marcadas lealtades
regionales puede hacer la escogencia
de regiones más obvias. Claro
que se debe recordar que si una región
se extiende más allá
(o corta a través de) los límites
estatales o departamentales, rara
vez será definida de igual
forma en la literatura académica...”.
Por último,
es necesario destacar que la propuesta
que aquí se esboza tiene la
pretensión teleológica
de ser un vehículo para la
construcción política
de la región montemariana,
con el ingrediente adicional de que
se trata de una región enclavada
en dos entidades territoriales, lo
que de suyo trae serias dificultades
prácticas en materia de decisiones
políticas y definiciones administrativas.
Con todo, esta propuesta no es segregacionista,
sino integracionista. Trata de estimular
la discusión y definición
de una fórmula que permita
propiciar y desarrollar un proceso
de regionalización y descentralización
administrativa -gracias al fortalecimiento
de los poderes locales y la adopción
de un nuevo modelo de gobernabilidad
democrática-, que responda
a una más eficiente “...reorganización
espacial del territorio evitando la
continuación de las irracionales
disparidades existentes entre nuestras
regiones... concebido para redistribuir
el poder (político y económico);
buscar equilibrios regionales y crear
un nuevo tipo de relaciones entre
el gobierno central, las regiones,
los departamentos y los municipios”,
según la concepción
de regionalización que presenta
Roa Suárez.
Este mismo autor,
por demás, define el desarrollo
regional
“...como un
sistema configurado por las interrelaciones
que se establecen entre los centros
locales, con cierto grado de autonomía,
y sus áreas de influencia.
Son relaciones de interdependencias
económico-social, político-cultural
y de servicios, que tienen lugar en
un territorio determinado denominado
“región”, que puede
abarcar áreas urbanas y/o rurales”.
De esta definición
se colige que el desarrollo regional
está integrado por varios componentes.
Tal como lo advierte Rangel, para
una mejor comprensión del concepto
de desarrollo regional es necesario
tener un enfoque integral del desarrollo:
“El proceso
de desarrollo de una sociedad en un
área determinada, sea esta
un país o una región,
está compuesto por varios aspectos
que se relacionan y se influencian
entre sí, dentro de unos marcos
de tiempo y espacio. Estos aspectos
que hacen parte del proceso de desarrollo
vamos a llamarlos en adelante subprocesos,
ya que también estos tienen
sus propias leyes, sus propias dinámicas
y, si se quiere, pueden ser estudiados
en forma separada. Estos subprocesos
son:
- El subproceso económico.
- El subproceso social.
- El subproceso cultural.
- El subproceso político-administrativo.
“Para efectos
del análisis del proceso de
desarrollo regional, debemos concebir
estos cuatro subprocesos como un sistema
de relaciones mutuas, recíprocas,
que los lleva a depender unos de los
otros. Además, tal como lo
expusimos arriba, toda sociedad en
desarrollo generalmente se interrelaciona
con el ambiente externo, o sea con
otras sociedades regionales, sean
estas contiguas o distantes, las cuales
canalizan sus influencias en la sociedad
a través de cada uno de los
subprocesos que estamos mencionando”.
En este sentido,
y teniendo en cuenta realidades específicas
como el evidente retraso de la región
de los Montes de María en relación
con otras regiones de la Costa Caribe
y del resto del país, la presente
propuesta se sustenta en el análisis
regional, que permite su enriquecimiento
gracias al examen de experiencias
-positivas y negativas-, desplegadas
en otras latitudes.
Es de anotar que
la Constitución Política
de 1991 consagró para Colombia
la posibilidad de avanzar del Estado
Unitario al Estado Regional, con unas
entidades territoriales (regiones)
más autónomas y descentralizadas
en lo político-administrativo,
sin llegar a los extremos del Estado
Federal. Sin embargo, para ello se
requerirá del estudio y aprobación
de una ley orgánica de ordenamiento
territorial (Loot), algo que, casi
15 años después de la
entrada en vigencia de la nueva Carta,
no ha sido posible aún por
el excesivo centralismo del sistema
político, y, sobre todo, por
las tensiones de poder entre la región
y la vieja clase política.
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